Comentario sobre Tegucigalpa por Daniel Nina para El Post Antillano

Tegucigalpa… una chica encantadora de apellido Díaz

Sábado 27 de Julio de 2013
Por: Daniel Nina

altLa más reciente producción literaria de la escritora Cindy Jiménez-Vera se titula Tegucigalpa (Ediciones Erizo, San Juan, 2013, páginas 65).  Es un libro que uno lo lee varias veces, por lo pronto en mi caso, hasta que le coge el piso, el ritmo y luego su aroma.  Sí, porque siendo la autora del pueblo del interior de San Sebastián del Pepino, cuna de grandes festivales, personalidades y productos agrícolas, se da la sensación que en este lugar de Puerto Rico, todo huele rico.  También Tegucigalpa.

Pero de que trata esta obra narrativa, que podríamos definir como de expresión libre, aunque a veces se leen como micro-textos, en otro momento como poemas o escritos en prosa, y a veces como cortas novellas.

Pero yo quisiera contar, libremente como vi Tegucigalpa: se trata de la historia de amor entre Tegucigalpa Díaz, quien es la mujer de artista Tommaso Landolfi, quien es asesinado, y se implica a su mujer que escapa.  A su muerte los micro-textos y otros relatos se van desarrollando dentro de una palabra exquisita y más que nada de un imaginario a veces real a veces surrealista.  ¿Cuál es la verdad en el relato es uno de los grandes aciertos de este texto? Si me preguntan a mi, les contesto, que no sé. No obstante, les invito a hacer algo particular:  a dejarse fluir con el desarrollo de la obra.

Esto es interesante, pues de repente la lectura se mueve al interesante universo de los soldados Ublekos, y eso es otra vida.   Cómo y por qué llegamos hasta allí no sé. Pero entre personajes nuevos, incluido Tegucigalpa, como así de otros descendientes de Tommaso, siguen discurriendo personajes por el libro manteniendo a todos con interés.

Para mi es una lectura contemporánea a los tiempos de hoy en Puerto Rico Siglo 21.  Merece ser leída pero como la propia obra, traducida en cuatro capítulos de historias seudo inconexas pero realmente vinculadas,  nos vincula  a hacerlo.  Sin exigencias ni amarrados a viejos cánones de la cultura literaria.

Cindy, a seguir escribiendo.

Ir al enlace de El Post Antillano acá: http://elpostantillano.com/pagina-0/316-resena/6629-daniel-nina.html

Salvoconducto a la imaginación por Anuchka Ramos Ruiz / Especial para n-punto

El lector es un viajero sin maletas, se conocen las calles de Madrid a través de Almudena Grandes y se recorre París de la mano de un guía llamado Cortázar. Es la posibilidad de calzar zapatos ajenos en 300 páginas, de dar una mirada caleidoscópica a la realidad inmediata a través de la lectura de los nuestros: Yolanda Arroyo Pizarro, Eduardo Lalo, Mayra Santos Febres, Max Chárriez, Mayda Colon, Luis Negrón, Juanluís Ramos, Cindy Jiménez-Vera, David Caleb Acevedo Elijah Snow, José Borges, Emilio del Carrill y Marlyn Centeno entre otros.” Por Anuchka Ramos Ruiz / Especial para n-punto. Muchísimas gracias. Es un honor inmenso saberme leída por los jóvenes. Ir al enlace:  http://www.n-punto.com/salvoconducto-a-la-imaginacion/

Breves en la cartografía cultural: Unos brevísimas reflexiones acerca del micro cuento en Puerto Rico y su impacto en el panorama actual por Carlos Esteban Cana para El Post Antillano

“En esa dirección podemos mencionar excelentes libros y autores: Nueve de Gretchen López, (La secta de los perros); Contramundos, Alberto Martínez Márquez (Isla Negra Editores); El fraile (con) fabulado, Rubis Camacho, (Letra Negra Editores); Brevísimos para la Elegancia, Rayza Vidal, (Colección de Autora); y Tegucigalpa, de Cindy Jiménez-Vera (Erizo Editorial).” Carlos Esteban Cana – Ir al enlace: http://www.elpostantillano.com/cultura/6349-carlos-esteban-cana.html#sthash.zUFbLMhA.dpuf

Tegucigalpa: un transgénero de la literatura puertorriqueña por Yaneris Soto (Diálogo Digital)

Tegucigalpa: un transgénero de la literatura puertorriqueña

Por  Yaneris Soto

Diálogo (Ir al artículo en Diálogo Digital)

Tegucigalpa puede ser para muchos la capital de Honduras; para otros, la fantástica mujer del cuento de Tommaso Landolfi, pero para Cindy Jiménez Vera, ese nombre representa mucho más que todo lo antes mencionado: es su primer libro; un libro que define como transgénero en lo que respecta al rompimiento de los cánones literarios, ya que ofrece una mirada distinta sobre “hacia dónde está caminando la literatura del siglo 21 en Puerto Rico”.

Jiménez Vera es una escritora y profesora nacida en la “Ciudad del Pepino”, San Sebastián. Sus escritos han sido publicados en antologías y revistas literarias de Puerto Rico, República Dominicana, Venezuela, Chile, Perú y Argentina, entre otros. La también bibliotecóloga formó parte del proyecto Confluencia, una antología audiovisual de poesía latinoamericana actual, el cual fue curado por la revista de poesía Ping Pong, de República Dominicana.

Tegucigalpa, según su autora, es un título que puede representar los miedos de los autores sobre sus obras, a la vez que invoca a cuestionar el mito de Pigmaleón sobre la mujer perfecta. Según Jiménez Vera, a través del libro el lector o lectora se puede conectar en un diálogo con Latinoamérica. David Caleb Acevedo lo describe en su texto ¡¿Qué diablos es Tegucigalpa?! o la niña que juega con los globos como “un recorrido por las más oscuras vertientes de la mala leche, la mala suerte, las ironías de la vida”.

El libro, que se divide en cuatro partes (Tegucigalpa, Ublek, Letrados y El infierno), fue inicialmente lanzado en formato artesanal. Es decir, la autora lo cosió a mano y logró realizar alrededor de 100 copias de esa manera. Posterior a esos ejemplares iniciales, Tegucigalpa se comenzó a lanzar bajo la firma de Erizo Editorial. Sus relatos dan la total libertad al lector para interpretarlos como cuento, poesía o como le quieran llamar, aunque en realidad Jiménez Vera lo describe como un “libro de poesía”. Explica que es “un juego para el lector; una trampa” en la que este se puede involucrar interactivamente.

Reseña de Tegucigalpa publicada por Anthony González Miranda

Reseña de Tegucigalpa 

Por: Anthony González Miranda

Tegucigalpa es un libro-juguete. El editor ha dicho que se puede leer como novela, como poesía o como una colección  de micro-cuentos. Al principio esta idea me pareció algo disparata; sin embargo, Tegucigalpa me ha demostrado que este acercamiento multigénero es una posibilidad real. Debido a esta virtud literaria, es posible realizar varias lecturas diferentes del pequeño libro de Cindy Jiménez-Vera. Naturalmente, como este blog es dedicado al cuento puertorriqueño contemporáneo, comentaré la primera lectura que le di a Tegucigalpa: los microrelatos.

     El libro está dividido en cuatro partes. La primera se titula igual que el libro: ‘Tegucigalpa’. Esta primera parte introduce el tono fantástico del libro. A través de los ‘cuentos’ vemos el origen del personaje principal: una mujer llamada Tegucigalpa. En ‘Soy la hija del mago’ una nota al calce al estilo de Jorge Luis Borges sostiene un globito apalabrado (literalmente) en donde conocemos el origen de Tegucigalpa. En el cuarto microrelato Tegucigalpa asesina a su esposo clavándole una tachuela en el trasero (su esposo es un globo). En otros relatos, sin embargo, la autora se garra del intertexto con La odisea, la obra de Gogol y los musicales de Broadway para crear otros microleratos.
     Los relatos de esta primera parte son particularmente conceptuales y hay que pensarlos un largo rato para descifrarlos, pues son rompecabezas mentales que la autora nos presenta para que nosotros mismos hagamos las historias en nuestra mente. También, los microrelatos de Cindy me recuerdan el estilo conceptista de Francisco de Quevedo, que relacionaba dos conceptos que tenían una palabra en común para así crear un chiste; en el caso de ‘Tegucigalpa’ no son chistes, sino microrelatos.
     La segunda parte del libro se titula ‘Ublek’ y comienza con una cita del Worstward Ho de Samuel Becket que evoca la existencia moderna e individualista: el fracasar y reintentar una y otra vez. Así, la autora muy astutamente establece un tono y hasta una atmósfera para lo que viene entonces. Aquí el tema de los microrelatos concierne al mundo real —siempre a través de la fantasía—. Los microrelatos de ‘Ublek’ son todos críticas sociales ingeniosas de la posmodernidad que van desde la guerra contra el terrorismo hasta la debacle de la industria editorial.
     Me llama la atención el epígrafe de ‘Nomograma’, que es, precisamente, un nomograma simple que esclarece la intención del experimento que realiza el protagonista. En ‘Patria’, Puerto Rico no tiene sentido. En ‘Soneto anónimo hallado en el bolsillo de un soldado ubleko me da la gana de afilar la punta del lápiz e interpretar a Filadelfia como un símbolo de la iglesias mencionada en el libro del Apocalipsis. “Sean santos, porque yo soy santo” (1 Pedro 1:16) dice Juan a su carta a la iglesia de Filadelfia, lo que me hace pensar en el suicidio patético del comediante que cita el soldado ubleko pues uno de los versos del soneto-microrelato dice “no hubo aureolas, luces, no hubo alas.” y luego “Mejor aquí que en Filadelfia…”, haciendo referencia a la guerra y la muerte irónica del soldado. Por otro, el soneto también puede referirse al poco humor del comediante al suicidarse en medio de una función. Bah! Las dos interpretaciones me gustan. ‘La lluvia’ es una payasada erudita que me hizo reír mucho. ‘82’ me provocó una ira feliz y fue mi microrelato favorito de la parte de Ublek junto con ‘79’, que son la misma cosa narrativa. Al final conocemos el misterio de la victoria de los prosistas en la guerra civil ubleka. ¡Qué viaje divertido! ¡El asombro borgeano está por todas partes!
     La tercera parte del libro, denominada ‘Letrados’, alude a los experimentos literarios que realizó José María Méndez con sus cuentos-poemas construidos con palabras que comienzan todas con la misma letra. En este caso, Cindy Jiménez-Vera es un tanto más audaz en el experimento por dos razones principales: la primera se debe a que ‘Letrados’ se compone de ocho historias, todas confeccionadas con el mismo dulce literario, y la segunda, que son todos microrelatos efectivos. Mi favorito es ‘Aviso’ pues la propia autora sentencia su abuso de la aliteración.
     En la cuarta parte nos topamos con dos citas que demonizan la inocencia, o más bien, la ingenuidad. La cuarta parte, ‘El infierno’, está compuesta por los microrelatos más convencionales que aparecen en ‘Tegucigalpa’. Para mí fue una extensión de la segunda parte, pero dedicada exclusivamente a los azares y experiencias terribles de la niñez. Aquí los niños son nigromantes, capitalistas, poetas, iconoclastas, caníbales, hechiceros, víctimas. La pregunta que me queda es: ¿Quién los ha deshumanizado? ¿Ha sido ellos mismos, o acaso fue el mundo posmoderno? Lo genial de esta parte es que los niños no son monstruos trillados, sino que sus propias acciones ‘inocentes’ tienen consecuencias terribles o sugieren personalidades trastornadas que un futuro significarán la perdición. Tampoco son consecuencias explícitas, sino que se sugieren con gran destreza pues todo lo demás sucede dentro de mi cabeza. Esto es un efecto que logran los buenos microrelatos. A pesar de la fantasía, nunca faltan los elementos y referencias al mundo real que son las que nos impresionan por su pertinencia. Por eso amo esta parte de ‘Tegucigalpa’.
     Al final del libro creo que lo único que me decepcionó un poco fue que hubiera querido saber un poco más de la ‘Tegus’. Solo un poco más. Pero esa es otra lectura diferente que podría hacer de esta cosa mutante, este juguete literario que ha creado Cindy Jiménez-Vera. Por ahora, les dejo mi noción de los ‘microrelatos’.Finalmente, tengo que destacar el diseño sofisticado con el que Erizo Editorial ha privilegiado sus libros. ‘Tegucigalpa’, en especial, tiene una portada espectacular que recoge gran parte del simbolismo de la primera parte del libro. Desde ‘Waltzen’, de Lina Nieves Avilés (La Secta de los Perros) no veía un diseño de libro puertorriqueño tan seductor. También tengo que felicitar a la autora por darle un giro diferente al género del microrelato y mezclar los juegos de palabras y conceptos con la erudición. Enhorabuena.

 
Mis ‘microcuentos’ favoritos de cada una de las cuatro partes del libro son:
‘Arroz con frijoles, plátano y huevos’ (de Tegucigalpa)
‘79’ —y también ‘82’— (de Ublek)
‘Aviso’ (de Letrados)
‘Tríptico del hambre’ (de El infierno)
Elementos narrativos sobresalientes:
-Conceptismo. Los relatos son rompecabezas juguetones de conceptos que tienen algo en común.
-Intratextualidad. Los relatos se solapan unos con otros.
-Intertextualidad. Los relatos hacen referencia a otras obras antiguas.
-Microrelatos juguetones.
-Aliteración pensada y efectiva en la tercera parte del libro.
 
Anthony González Miranda es escritor. Pueden leer su blog acá.

Presentación de Tegucigalpa en la Librería Mágica el 21 de febrero de 2013 por David Caleb Acevedo

¡¿Qué diablos es Tegucigalpa?! o la niña que juega con los globos

Por: David Caleb Acevedo

Tegus Presentacion Puerto Rico 4

Sucede que hay libros que lo trascienden todo: la época, el género literario, la teoría. Tegucigalpa es el ejemplo de este tipo de libro que nos tocó tener en esta década.

Tegus es la capital de Honduras. Se eleva a 3,250 pies sobre el nivel del mar, tiene el lempira como moneda y el catolicismo romano como religión oficial. Sin embargo, Tegucigalpa también es el nombre de la protagonista de este libro (poemario, libro de cuentos o novela, como prefiero leerlo yo) una mujer casada con un escritor inventado, Tommaso Landolfi, un hombre inflable que se suicida –aparentemente- pegándose una tachuela en el culo. Y aquí es que comienza el juego del huevo y la gallina, ya que “[u]na tachuela incrustada en su glúteo izquierdo es prueba infalible del asesinato. Tegucigalpa ha huido con todos sus materiales inflables. Nunca superará el suicidio de su mejor obra.” Lo cierto es que si tuviésemos que inventarnos un género para encajar a Tegucigalpa, sería algo así como literatura-juego (en el que el lector decide el curso de la narrativa a través de un complicado juego de números, dados y páginas), literatura mutante (este último término acuñado por nuestra poeta Mayda Colón para referirse al tipo de literatura que exige que el lector mute y se convierta en su propio bibliotecario, enciclopedista y referencia), slapstick poetry (siendo slapstick el género de comedia en el que las acciones son tan exageradas como una bofetada de bizcocho blanco en la cara; se usa la farsa, la violencia y las acciones que retan el sentido común), o tal vez weird fiction (género de literatura extraña que traspasa los elementos del terror, la fantasía, la ciencia ficción y la ficción literaria). Lo cierto es que he leído este libro cuatro veces y todavía no sé qué diablos es.

Cortázar decía que un cuento es a una fotografía lo que una novela es a una película. Pero nunca incluyó la poesía en esa fórmula. Y es que en este libro, Cindy Jiménez-Vera propone una nueva sensibilidad poética prosista, pues decide borrar, voluntariamente, la línea entre ambas esferas, para llegar a un punto medio, que por mis cojones, voy a llamar proesía.

Dividida en cuatro partes: Tegucigalpa, Ublek, Letrados y El infierno, Tegucigalpa (el libro) es un recorrido por las más oscuras vertientes de la mala leche, la mala suerte, las ironías de la vida… Pienso, de momento, en Ublek, segunda parte del libro, en el proema “Concurso de blasfemias” en la página 30, el cual se me antoja como una sátira social. Dice y cito:

Maldecía al Rey de Ublek a diario. Invocaba al diablo una vez al mes. Mató a sus padres. Para ella, era un hecho que ganaría el concurso de blasfemias de su ciudad este año. Obtuvo mención de honor. No nos vendamos simulacros a estas alturas del partido. Al sindicato de petroleros no hay quien le gane.

Un petrolero no es otra cosa que un tronquista que lleva exclusivamente petróleo en su camión. Y a mí este proema me deja con un sabor de crítica a la UTIER y al sindicalismo en general.

Hay otro tipo de burlas, como en el proema “Patria” en el cual la autora se burla del nacionalismo fundamentalista que impera en Ublek, cuando dice “Nada de lo que lees tiene sentido. Los verbos presentes, están. Los pasados, estuvieron. Los futuros, ¿quién sabe? Nada tiene sentido. Con toda probabilidad te darás cuenta antes del final de esta oración.”

Y claro, no podía faltar la burla al mundo editorial mismo con los proemas “Soft Porno” y “82”, en los que Tegucigalpa, la personaje, estudiosa y experta en la poesía lírica de los soldados que perdieron la guerra civil de Ublek, decide recoger los poemas y organizarlos en una antología de edición tipo Cátedra titulada Soft Porno: antología de poesía de la guerra civil ubleka, que por supuesto, es rechazado, pero no por las razones que pensaríamos, sino porque suena a un libro que busca hacer dinero.

Cindy echa mano de un humor sumamente negro, pues los poetas pierden la guerra civil de Ublek y la ganan los prosistas, quienes ganaron gracias a su conocimiento del alfabeto universal de lenguaje por señas. Entiendo que Tegucigalpa es un magnum opus en sí misma, y exige que el lector juegue y se haga partícipe de la broma pesada, del chiste inteligente, de la payasada (literalmente) cruel. Porque así es la vida, pesada y cruel, ¿no? Y si es así, entonces TODOS SOMOS UBLEK.

Tegucigalpa tiene una infancia tan extraña como este hermoso libro. Es hija de un mago famosísimo, sordo, llamado Domingo Díaz. Me llama mucho la atención que sea de Centro América y no, simplemente, el facsímil razonable de Latinoamericano. El hombre tiene un circo que fracasa. Su historia es una de glorias pasadas y la tragedia que viene cuando uno se da cuenta de esos mejores tiempos pasados jamás volverán, y que entonces lo que queda es simplemente sobrevivir y ver los días pasar.  Aquí hay una ruptura con el patetismo, porque Domingo es un personaje muy rico en cuanto a lo que puede inferirse sobre él. Cito: “Fue un virtuoso de la quiromancia, la alquimia, la adivinación y dicen que durante su estancia en Haití, aprendió a realizar la zombificación, razón por la cual las autoridades de ese país caribeño lo deportaron. Dicho suceso sirvió para aumentar su fama y agregar elementos de la magia negra al mito de Domingo Díaz. Su sordera nunca fue un problema ni para realizar actos de magia, ni para enamorar hombres y mujeres. En uno de estos enamoramientos engendró a su unigénita. Con la llegada de la pequeña, cambió la nigromancia por los globos. Sus trucos, aunque muy artificiosos, se volvieron cada vez más pueriles. No hubo manera de atraer al público europeo o latinoamericano. No le quedó más remedio que mudarse a Nueva York e instalar un circo con rutinas tradicionales y predecibles. Eso era lo que demandaba la audiencia estadounidense. Así pudo proveerle una buena educación a su hija. Entonces los musicales de Broadway comenzaron a subir a escena tratados de economía y finanzas. Ya nadie visitaba el circo. Debido a este infortunio y a que Domingo se había enamorado perdidamente de un científico italiano especialista en aerogeneradores inflables, quien visitaba Nueva York con cierta regularidad, él y su hija huyen a Roma. Este poema es un fragmento de lo que se cree ser un cuaderno de adolescencia de la gran científica, creadora de prodigios literarios apócrifos, Tegucigalpa Díaz, de quien se desconoce paradero”.

Un proema que me pareció hermoso, y el cual confieso que es mi favorito, “El oficio”, resulta ser una parábola sobre el valor muy devaluado de la poesía. La autora sostiene que todos los valores humanos se revisten en el poeta. Y tiene toda la razón, aunque yo añadiría que dichos valores se revisten en todo escritor o escritora que se respete.

Esta novela, Tegucigalpa, que sí es una novela, coño, lo es porque hay un universo de historias conectadas. Entonces, queda la pregunta: si Tegucigalpa es todo y TODOS SOMOS TEGUCIGALPA!, entonces, ¿qué diablos es Tegucigalpa?¿Es una novela? ¿Un poemario? ¿Un libro de microcuentos? No. Tegucigalpa es un tratado histórico sobre la Guerra Civil de Ublek, país inventado cuyo nombre es un juego con el título de Bartolomew and the Oobleck, de Dr. Seuss. Ublek es un tipo de plasticina granosa que se hace con harina de maíz y agua, y sorprende que todo un país así como su historia puedan ser construidos de tan barato y sencillo material. Lo que no se dice aquí es lo que importa: ¿de qué material están hechos esta isla y sus habitantes? Si TODOS SOMOS JOSÉ ENRIQUE, entonces, ¿de qué estamos hechos? Y esta pregunta es bien pertinente porque, en lo no-dicho, Cindy Jiménez-Vera ha retratado el país de una manera muy sarcástica y divertida. Tegucigalpa, siendo el juego de los juegos, nos invita a meternos en alguno de los globos de la niña y jugar. Eso. Simplemente jugar.

Tegus Presentacion Puerto Rico 1

Tegucigalpa en San Juan

Fotos: En la de arriba, el escritor David Caleb Acevedo lee la presentación de Tegucigalpa, el 21 de febrero de 2013 en la Librería Mágica en Río Piedras, Puerto Rico. En la segunda foto, leo algunos textos de Tegucigalpa, mientras personal de Hands Crew interpreta los textos en lenguaje de señas. Ambas fotos son una cortesía de José Raúl Ubieta Santiago. Al final está el afiche de promoción del evento, diseñado por Erizo Editorial.

Tegucigalpa, la artesanía en más de un sentido

La poeta, columnista y profesora universitaria, Lynette Mabel Pérez Villanueva, nos ofrece su lectura de Tegucigalpa. Este texto se publica en la revista de literatura, Boreales, en febrero de 2013 y en el portal de Erizo Editorial. El mismo se puede leer en este enlace, junto a otros textos sobre el libro.

Tegucigalpa, la artesanía en más de un sentido

Por: Lynette Mabel Pérez Villanueva

 

Por todo esto habría que decir, que el problema 
no es tanto que una obra sea o no de vanguardia:
lo fundamental para un escritor es que el público
y la crítica sean de vanguardia.

Ricardo Piglia

Parafraseando a Pedro Arturo Estrada, catedrático colombiano, el poema en prosa es la nueva forma del poema, la cual dejó atrás el verso tradicional y el que llaman libre. Por otro lado, conserva la musicalidad interna, el ritmo, la cadencia de sus frases que vendrían a ser el equivalente de lo que antes se denominaban versos. El poema en prosa o prosema lo comenzó Aloysius Bertrand en su Gaspar de la Noche, lo continuó Baudelaire con su Spleen de Paris y se consolidó con Rimbaud, Lautréamont hasta llegar al siglo XX con algunos surrealistas. En América tenemos a un gran poeta venezolano muerto a los 40 años, Antonio Ramos Sucre, precursor riguroso en esta modalidad. Octavio Paz lo cultivó y podría decirse que cuentistas y novelistas eximios como Cortázar, Borges y Rulfo, por ejemplo, escribieron sin proponérselo algunos prosemas. Estas conversaciones nacidas en respuesta a unos cuestionamientos estéticos que surgieron producto de los talleres que tomé con Mairym Cruz Bernal y Yolanda Arroyo Pizarro me llevan directo a Tegucigalpa de Cindy Jiménez Vera. Este libro tiene todo esto que menciona el profesor colombiano y más. Puedo decir que integra en sus poemas horizontales (concepto acuñado por la autora) la narrativa sin divorciarse claro está, de la poesía. Otro dato a tomar en cuenta es no el cambio de registro sino la capacidad que tiene la voz lírica de aunar los registros de la cultura, la experiencia, los orales y los escritos en un solo corpus.

Desde el primer prosema “Regreso” nos encontramos con la voz de la memoria aunada a la de los grandes arquetipos. Sí, es la Penélope de Homero, también la de Serrat, pero es más que eso, es la Penélope de Cindy. Esta femenina más fuerte que la de Homero y más decidida que la Serrat abandona el andén en busca de su maquinista y de su Ítaca. Sin embargo, la voz que narra y poetiza es la de una amiga que nos cuenta un pasaje de su vida. Se trata de la voz de la vivencia. La voz primigenia en cada pasaje de una vida que regresa. El segundo prosema es una crítica al consumismo, al simulacro de la vida post-moderna. En Azul, amarillo y rojo aparece el elemento gore. Estos prosemas son breves y cortantes, pero no por ello deben paladearse rápidamente. Son textos artesanales, igual que la obra, y como todo lo artesanal hay que tomarse un tiempo para disfrutarlo. Principalmente para vislumbrar los distintos arquetipos que se esconden en el día a día de sus páginas. Tengo que destacar el prosema Ulises que dialoga directamente con Regreso. En este la determinada Penélope ruega porque el viaje de Ulises sea largo y les aseguro que no es por las razones que lo pide Cavafis.

Creo que uno de los textos medulares de libro y de casualidad el único poema es Soy la hija del mago. Aquí conocemos a Tegucigalpa y nos enteramos que además de ser el nombre de la capital de uno de los países más pobres de América Latina es la hija del afamado mago sordo centroamericano.
Luego de este poema nos encontramos con una sección llamada Ublek. Al entrar en este nuevo apartado, penetramos en el mundo de Lübeck, ciudad alemana con aproximadamente 213 983 habitantes. Sin embargo, el primer prosema 79 no parece tan alejado de las guerras por la conquista en donde indígenas y españoles precisaban de intérpretes. El intérprete, se puede aventurar que norteamericano por el apellido, morirá por segunda vez y no puedo dejar de pensar si esa primera muerte está relacionada con la muerte factual o moral de los intérpretes aborígenes como, por ejemplo, la Malinche o los africanos que sirvieron de puente entre dos culturas. Lo que sí tengo claro es que la Historia está llena de muertes y ya tal vez vamos por una tercera, cuarta o quinta muerte. En el apartado Letrados tenemos un acercamiento al ludens de la metalengua. El primer prosema Las lampugas es un juego con la l, maravilloso cóctel con el carbón del lápiz y la tinta de la máquina. Lo mismo en Rodrigo repite rumores raros donde los estilos de los autores están descolocados. Finalmente la autora cierra con un apartado titulado Infierno donde se destaca “Tríptico del hambre” en el que la necesidad cobra matices grotescos. Este poemario, artesanal en el amplio sentido de la palabra, hecho por las manos de la propia autora, cosido, cuidado y tal vez acariciado, también lleva bordada cada palabra en la página correspondiente al sortilegio de la poesía.

Tegucigalpa se publica bajo el sello de Erizo Editorial

tegucigalpa portada[1]

“Cindy Jiménez-Vera, poeta y narradora de ascendencia bibliotecaria, nos regala con Tegucigalpa un libro mutante, una cosa extraña, una ameba que se niega a encajar en convencionalismos y clasificaciones literarias. ¿Es acaso un poemario? Puede leerse así. ¿Un libro de microcuentos? También. ¿Acaso se trata de una novela libre por omisión? ¿Por lo que no se dice? Eso creo. Sucede que Tegucigalpa es un castillo sólido construido con pequeñísimas piezas de Lego™ en el que quien lee tendrá en sus manos —eficaz y claramente—  la mayor y mejor de todas las decisiones: cómo abordar este texto de tan contundente y cínica estupefacción ante la vida y la literatura. ”

-David Caleb Acevedo

Tegucigalpa, es una idea plural y singular, es fantástico e inteligente. Cindy Jimenez-Vera, ha creado un universo de convicciones y genialidades.  Es imposible no releerlo.”

-Javier Febo Santiago

Para más información ir a la págima de Erizo Editorial acá.

Espadalabras de Tegucigalpa: un vistazo al microcosmos narrativo de Cindy Jiménez-Vera – Reseña por Yolanda Arroyo Pizarro

 
Por: Yolanda Arroyo Pizarro
 

“Cuando despertó, los chocolates rellenos de cocaína ya no estaban allí”.— Cindy Jiménez-Vera

Osada, mordaz y comprometida.  Con una pizca de mitología, literatura fantástica, hiperrealismo y poesía concreta… Así se nos presenta la micro-narración en el primogénito artesanal de Cindy Jiménez-Vera:   Tegucigalpa. Título del libro y nombre de una de las féminas con y sin apellido que van hilvanando la obra/poemario/ novela/ colección de relatos.
La propia Tegucigalpa, la localidad cincelada de Ublek, las lampugas, los Emilios engatusados en Edén y las autoreferrencias acaso oníricas, inscritas por la autora pepiniana, conforman un todo en estas páginas repujadas con el ungüento de diestra fabuladora.  Igual que las escamas de un reptil, los pedazos más pequeños se van ensanchando para dar paso a un diseño pictórico más llamativo y amplio, a veces intimidante: un ábaco especializado en pies que pertenece a Elijah, un concurso de blasfemias en las afueras, una convocatoria para la antología de poesía de la guerra civil ubleka…

Leer las estampas de Tegucigalpa es como entrarle a una conversación in media res. El interlocutor ha comenzado por narrar la novela antes de que una se acople, y mientras se observa al grupo y se recuesta una de la esquina, el quid de la cuestión viene y va sin demora.  Cada capítulo es un gancho al aire, una plática a medias, una sinapsis de neurona hiper-despierta cuyo apellido Díaz es fundacional para portar la llave maestra que nos permita abrir la puerta del desenlace. Esto sucede en la historia de la mujer que menstrua y gotea; sucede cuando se nos relata la intención de Tommaso Landolfi para traducir a Gogol; sucede incluso al percatarnos del deseo de la mujer de Landolfi por desaparecerlo. El libro se vuelve absolutamente lúdico, trama tras trama, incluso desde la portada que muestra la señal del alfabeto dactilógico que permitió ganar la guerra civil a los prosistas ublekos: una T infinitamente tegucigalpeña.

La autora seleccionada por la Casa de los Poetas en Puerto Rico para conformar su antología de 2012, se deshace en hilos de macramé imaginario en esta obra que acentúa el absurdo desde la ráfaga de imágenes paradójicas como lo han demostrado ser las tostadas con el rostro de dios, los niños premiados al escribir poesía y la crueldad de los cuentos de hadas en los que participa Midas.
De estilo arriesgado y colérico, Jiménez-Vera ya ha sido publicada en revistas literarias de Venezuela, Chile y Perú, y se destaca en la actualidad en gestiones culturales en Puerto Rico y República Dominica donde participa de recitales y tertulias literarias.
 
-Yolanda Arroyo Pizarro-

Yolanda Arroyo Pizarro nació en Puerto Rico en 1970. En mayo de 2007 fue seleccionada al Bogotá 39 como una de los 39 escritoras menores de 39 años más importantes de América Latina, evento convocado por la UNESCO, el Hay Festival y la Secretaría de Cultura de Bogotá por motivo de celebrar a Bogotá como Capital Mundial del libro 2007.

Imparte talleres de Escritura Creativa en San Juan. Ha sido merecedora de varias premiaciones literarias a nivel nacional e internacional. Es autora de varios libros de cuentos y se ha ganado varias premiaciones, entre ellas: el Premio Nacional del Instituto de Literatura 2008, Libro del Año 2007 y el Premio PEN Club 2006. Ejerce la crónica cultural desde su blog Boreales (http://narrativadeyolanda.blogspot.com/).