Presentación de la edición española de ‘Vientos alisios: poesía puertorriqueña 2000-2017’ en Librería Libros AC en Santurce, Puerto Rico. 

Presentación de ‘Vientos alisios: poesía puertorriqueña 2000-2017 (Ed. Polibea, Madrid, 2017) en Libros AC.

Editores/ antólogos:

Mara Pastor

Nicole Delgado

Xavier Valcárcel

Cindy Jiménez-Vera

Poetas incluidos en la antología:

Kattia Chico

Emanuel Bravo

José Raúl González Gallego

Urayoán Noel

Chloé Georás

José Miguel Curet Arana

Yara Liceaga

Guillermo Rebollo-Gil

Mayda Colón

Margarita Pintado

Rubén Ramos

José Rafael Colón Laboy

FAMILIA


FAMILIA

No quiero

que este poema

se convierta

en una alegoría.

Que cuando digo vaca

es una vaca.

Si digo playa

se sala el agua.

Si digo hogar

me abrazas

me das comida

y me dejas llorar

toda la tarde.

a Alex Maldonado Lizardi

De No lugar (libro inédito)

Archipiélagos -Lilliana Ramos Collado escribe sobre ‘Islandia’ de Cindy Jiménez-Vera


“Hay que prestar atención a la geografía simbólica de este libro: las montañas hermanas, los países de largas noches y de tres horas de sol que se pueden transmutar en un día eterno, los glaciares en medio de la civilización, el interior de la biblioteca, la noche como lugar, el espacio bucólico donde ya no hay niños y, por lo mismo, el futuro está muerto, el fantasioso lugar 398.2 donde habitan los elfos y los ositos de peluche, la adultez, que se presenta como algo parecido a Walmart, lugar de orfandad extrema y gélida, impersonal e inmaculada, Islandia misma como la utopía donde quizás los refugiados no puedan lograr llegar, y la memoria donde un poema se vuelve parte del cuerpo que lo contiene.”- Lilliana Ramos-Collado sobre Islandia (Editorial EDP University, 2015). Leer el texto completo en la página de Bodegón con teclado, acá:

https://bodegonconteclado.wordpress.com/2017/03/11/archipieagos/

EL HIJO IMAGINARIO


EL HIJO IMAGINARIO

Tengo un hijo

que nunca parí

-nunca he parido a nadie–

pero es mi hijo.

Todas las mañanas

se me acerca

me besa me abraza

me pide la bendición

-aun sabiendo que no creo en dioses-

pero es mi hijo.

Nunca le di de comer

nunca lo vestí.

De hecho,

quiero convencerlo

de quitarse la medalla de San Benito

del rosario que se empeña

en llevar colgado del cuello.

Pero, no tengo éxito.

-Es para que me libre

de tentaciones, madre.

Dice mi hijo imaginario.

En este punto, querido lector,

no me tengas pena

por haberme imaginado un hijo.

Parra se imaginó un hombre

una casa y el amor de una mujer.

Mejor, tenme pena

porque por más que quiero

que mi hijo imaginario

se afiance a la razón

y deje de creer

en la inexistencia divina,

todas las mañanas

le sigo dando la bendición

en el nombre de su dios imaginario.

                                                                                                                   a Jean Carlos Suárez

(De ‘No lugar’)

Mara Pastor escribe sobre Islandia de Cindy Jiménez-Vera para Eterna Cadencia (Argentina)

Por Mara Pastor.
A continuación les presento poemas de Islandia, tercer poemario de Cindy Jiménez Vera (1978), oriunda del pueblo de San Sebastián, al suroeste de Puerto Rico. Conocí a Cindy en la Feria del Libro de La Habana, en el 2015. Compartimos un apartamento en El Vedado junto a otros escritores boricuas durante los días que duró el Festival. La primera vez que conocí algo de su trabajo fue escuchándola recitar poemas de sus primeros dos libros, Tegucigalpa y 400 nuevos soles, en las lecturas de la casa Dulce María Loynaz. Sus poemas saben dosificar grandes sumas de humor negro y es común escuchar carcajadas de la audiencia mientras lee. Esto es un gran acierto para una poeta que tampoco escatima en mostrar heterotopías y curiosas asociaciones. En su poesía se combinan el humor, la sorpresa y la sapiencia, pues Cindy es también bibliotecóloga de profesión por lo que pudo haber dicho, como dijo la escritora española Gloria Fuertes, “Dios me hizo poeta, y yo me hice bibliotecaria”—citada por Cindy con motivo de una edición conmemorativa que prepara actualmente en su editorial Aguadulce por el centenario de la poeta—con la salvedad de que Cindy es atea, un tema que emerge en varios poemas de Islandia por lo que signó este hecho durante el proceso de escritura del libro.

Islandia se une a la tradición de los libros que piensan la enfermedad y la poesía, con textos como On being ill, de Virginia Woolf o, más recientemente, el poemario Neurología 211 de la mexicana Rocío González, un libro que busca reconstruir desde el lenguaje poético la experiencia de recibir un tratamiento médico por un tumor a partir de una memoria fragmentada que amenaza la existencia misma del lenguaje como herramienta de comunicación. En el libro de Cindy, este proceso se da desde el testimonio de una hija que atraviesa la difícil tarea de cuidar a la madre enferma de cáncer.

En esa reflexión, este libro me llevó a pensar en las vanguardias caribeñas. Mientras los pintores europeos encontraban en los trópicos paisajes exóticos que contrarrestaran de alguna manera la impronta bélica de la Primera Guerra Mundial, en el Caribe, algunos de los poetas vanguardistas escribían poemas nórdicos, con paisajes álgidos que ofrecían un nuevo lenguaje que también enfrentaba la orquestación de los cuerpos en las trincheras. Aquí también está el deseo de contrarrestar una violencia inconmensurable al escoger como leitmotiv a Islandia que, aunque comparte el océano Atlántico con las islas del Caribe, poco parece tener en común con estos trópicos. Los espacios del poemario son formas que de algún modo se renuevan para dar pie a la ternura y para anticipar la pérdida.

El libro comienza con una cita de Leonard Cohen que dice “If your life is burning well, poetry is just the ash”, pero el giro que le da Cindy a estas palabras es sólo uno de los hallazgos de su lectura. El humor de Islandia no es el humor de los “chistes crueles”, como los llama Lilliana Ramos Collado, presente en sus otros libros. Islandia es el lugar en el que la pérdida de lo materno se vuelve una posibilidad concreta, un espacio de autoexilio en el que las temperaturas pierden referencialidad, que obliga a entrar en arquitecturas y lugares que son la antípoda de lo que hasta entonces se entendía por conocido y en donde, a pesar de todo, el poema es “una reflexión hidrográfica”. El libro consigue esto siendo también un homenaje a la memoria del ser amado, dejando el poema como cenizas de que algo, entre tanta nieve, ha quemado bien.
 
La adultez
A veces busco pretextos

para entrar en las oficinas

y en los centros comerciales

para coger un poco

de aire acondicionado.

Al principio da placer

hacer trampa.

La cara no suda.

Incluso, los dedos

de los pies en las sandalias

agradecen el gesto

y hasta se ven limpios

inmaculados.

Pero es mucho el sentimiento

de culpa que dan la burocracia

y el consumo.

Salgo rápido de esos lugares.

Afuera, el frío es otro.

No porque baje la temperatura

fuera de las alcaldías y

los supermercados.

Cualquiera queda frío

cuando siente hambre

—o ya ha comido—

y quiere ir a llorar

a la falda de su madre

y sólo nos queda eso

su falda.
 
Guantes
Le puse la bufanda azul

el abrigo de invierno

los guantes negros

y el gorro que le tejió su nieta.

Lloré para que no se fuera

porque llovía.

Construí una barrera

entre la puerta y la lluvia.

Lloré mientras mi hermano

la sacaba y la llevaba a comprar

hojas de plátano que podía

arrancar en el patio de su casa

si estuviésemos en la isla.

Quise esconderla

en veinte bóvedas chinas.

Quise abrigarla

como si se fuese

a Islandia.
 
Apéndice XXI sobre geología
Dicen que las islas se mueven. No sólo sus habitantes emigran de un lado a otro, también se mueven las islas. Eso, por el movimiento de las placas tectónicas. Antes estábamos todos pegados, como los granos del arroz que se quema al final de la olla, y se saca con un cucharón y toma forma de bola. En cambio, se cree que la pangea tenía forma de U o de C. Si me dan a escoger, yo escogería la primera, puramente por su sonoridad. Imagino vivir en un continente gigante en forma de la última vocal. Lo digo en voz alta y se me pone la boca así, en U. ¿Cómo serían las reformas migratorias de los países desarrollados en U? ¿Habría países en vías de desarrollo? Habría hambre? ¿Personas sin techo? Pero si ninguna de estas palabras se escribe con U, no tiene sentido que escoja esa forma meramente por la sonoridad. Habría que pensar en ese continente único, en el que habitan humanos, y no ciudadanos de primero o tercer mundo. Pensar en la unidad más allá de un enorme espacio geográfico, y que esa unidad se vuelva un túnel enorme por el que crucemos de un lado al otro para comer, dormir, reproducirnos y morir. Irremediablemente, pensar en la geografía me hace pensar en Sísifo. No importa cuánto tiempo le tome cargar la piedra, y llevarla de un lado al otro, al próximo día volverá a estar en el punto inicial. El movimiento de la pangea parece no afectar nuestra condición humana. Podemos estar más lejos los unos de los otros, podemos incluso compartir el Océano Atlántico. Quizás debí haber escogido la forma de la C.
 
Encontrar a Eyjafirdi y otros cementerios
Una página web asegura que ayuda

a encontrar el cementerio islandés

donde está enterrada tu madre.

El día que enterramos a mi madre

(lo sé porque yo cargué

el lado izquierdo

de la parte posterior del ataúd

desde la entrada del cementerio

hasta la tumba)

hacía un sol terrible.

Era fácil dar con su ubicación

no sólo por la luz solar

si no porque su tumba está

a la derecha de la entrada.

Lo que nunca se encuentra

en una página web

es el teléfono directo

del enterrador

—porque dirige la llamada

al municipio

a la oficina del alcalde

a su secretaria

a la recepcionista de otra oficina municipal

quien suelta el auricular

y le grita a algún funcionario

que no debía aparecer en este poema

y le pide el número de extensión

del cementerio—

para poder preguntar

el horario de visitas

y llevar flores.

Ir a Eterna Cadencia acá: 

http://eternacadencia.com.ar/blog/libreria/poesia/item/los-pronombres-vistos-desde-lejos-son-manchas.html

Además es curadora de arte: Sobre ‘Mangle rojo’ de Sabrina Ramos Rubén

“Además es curadora de arte: Sobre ‘Mangle rojo’ de Sabrina Ramos Rubén”
Por: Cindy Jiménez-Vera

Hace cincuenta años, y tras la trágica muerte a destiempo de Frank O’Hara – poeta y uno de los fundadores de la Escuela de Nueva York, como John Ashbery, entre otros – el New York Times publicó un obituario que leía: “Frank O’Hara, 40, Museum Curator” seguido del siguiente subtítulo: “Exhibitions Aide at Modern Art Dies—Also a Poet.” El autor de ‘Lunch Poems’ murió a los cuarenta años, habiendo dejado un corpus poético enorme. No lo digo yo, vaya a ver el volumen de su poesía reunida. Al autor de ‘Meditations in an Emergency,’ sin embargo, no le interesaba el figureo, que por aquella época, en su contexto – en el arte y en la literatura – era tan común. Por eso siempre publicaba sus poemas en revistas pequeñas, desconocidas, y confiaba sus publicaciones a proyectos independientes. ‘Lunch Poems’ lo publicó City Lights, la editorial pequeña e independiente de Lawrence Ferlinghetti, en California. Eran grupos / escuelas de poetas, que a pesar de la distancia se leían entre sí. Incluso, es en esta época en que los Niuyoricans escribían y se leían entre esos grupos, y entre poetas latinoamericanos, como Ernesto Cardenal, entre otros. Y, es que cuando le tocó la muerte a O’Hara, era más conocido por su trabajo como curador de arte, que como poeta. Esos poemas – como iluminaciones – es bien sabido que le sobrevivieron más allá de sus curadurías y catálogos de arte. Cincuenta años después de su muerte, perdonen que sea yo la que ahora “muera” de risa con eso de “also a poet.” Porque es un ejemplo de como la obra de un poeta le sobrevive, sin el bombo, el apadrinaje, ni las claques literarias que acechan a todo escritor.

Actualmente, de Sabrina Ramos Rubén se conoce su obra como curadora de arte. Basta con hacer una búsqueda en Internet y encontrarnos artículos sobre sus curadurías, sus críticas de arte, y así. Pero, aquellos que no necesitamos Google para conocerla, sabemos que Ramos Rubén, ante todo es poeta, y además es curadora de arte. Es el 2016 que recibe su incursión en la escritura pública con ‘Mangle rojo.’ Pero, Sabrina hace mucho que escribe, participa en lecturas públicas y mira, observa y nos ayuda a hacer lo propio. Este que nos ocupa esta noche, es un libro pequeño en tamaño y de poemas breves sin títulos, que podrían leerse como una serie de ‘non sequiturs.’ Pero, ojo, no nos llamemos a engaño, esa serie de textos orgánicos son la materia prima para revelarnos lo que no se dice, y está entre las ramas, las raíces, los fluidos, el cuerpo de mujer y ese hábitat inhóspito en donde crece y pervive la voz poética del texto.

Dice la propia autora sobre”Mangle rojo”, que:

“Rhizophora mangle florece en condiciones en las que la mayoría de la vida vegetal terrestre se le haría imposible sobrevivir: terrenos de salinidad hostil, variabilidad en el flujo marítimo y frecuente escasez de agua dulce. Es una especie anfibia, adaptada a la ambigüedad constante de las zonas intermareales y los estuarios. Su tronco y sus raíces le dan aspecto humano. Al sangrar taninos en el agua que le circunda, esta se asemeja a los fluídos corporales. En consecuencia el árbol se convierte en una metáfora de los temas de mi primer poemario, Mangle rojo. Este libro -publicado con la editorial independiente La secta de los perros- trata de las experiencias cotidianas de una madre soltera que vive en un país patriarcal, con un problema de violencia causado por una historia y presente colonial. A su vez, este contexto socio político es percibido mediante un cuerpo colonizado y las experiencias diarias que este vive, como el amor erótico, la belleza, la maternidad, la existencia, la corporalidad, la muerte, la animalidad, el poder, la naturaleza y la escritura misma. Dichas vivencias son trasmitidas al lector a través de poemas breves en los que predominan imágenes extraídas de la ecología puertorriqueña y sus fenómenos, tales como animales, sequías, plantas, cuerpos de agua y ecosistemas locales.”

Nos encontramos con el cuerpo presente de la voz poética, que nos habla en primera persona, a ratos en segunda, e incluso, en tercera, pero nunca deja de conectarnos con nuestra carne y la suya propia, como si fuésemos todos – poeta y lectores – partes del tronco de ese mangle. Para Ramos Rubén, su discurso llega desde el cuerpo, porque es su única propiedad; todo lo demás es un vivir en plural: ser madre, ser hija, ser pareja, pertenecer a su entorno Lo único que le pertenece a ella – más allá de toda plusvalía – es su cuerpo. Su única propiedad con la que ella decide compartirse cuando y como quiera. Su cuerpo es su discurso en primera persona, como ha dicho Wendy Guerra, a propósito de escribir en la Cuba actual, ese desnudarse para hacer el amor, es como acercarse al acto mismo de la escritura pública, y exponer la desnudez a los ojos de quien esté dispuesto a recibirla. Es – en palabras de Eliseo Alberto Diego – su informe sobre sí misma. 

​En estos poemas, que hablan de la pérdida, la maternidad, la infancia, la belleza, lo inhóspito y sutil, la voz poética se levanta desde breves instancias e imágenes de la plástica y la naturaleza, para maravillarse y maravillarnos de todo lo inesperado de la cotidianidad, eso que vemos sin mirar, pero que ahora nos hace capaces de percatarnos que en cada cosa, lugar, o instancia hay poesía. Por eso, este libro es una caja de pequeñas iluminaciones. Porque para Ramos Rubén todo es poesía. Como escribió Mary Oliver – ganadora del Premio Pulitzer de poesía – en su cuaderno para escritores: ” si todo es poesía, y no sólo el propio logro, que lleva a uno de este mundo verde y mortal -que levanta el pestillo y da una mirada a un paraíso más grande- entonces tal vez uno tiene la sensibilidad: una gratitud aparte de la autoría, un fervor y deseo más allá de los márgenes del yo.” Por eso este informe en primera persona, que es ‘Mangle rojo,’ es de todos nosotros. ¡Enhorabuena, poeta! 

*Texto leído en la presentación de ‘Mangle rojo’ de Sabrina Ramos Rubén (La secta de los perros, 2016), en Libros AC en Santurce, Puerto Rico, el jueves, 3 de noviembre de 2016. 

Sabrina Ramos Rubén lee poemas durante la presentación. Foto por Cindy Jiménez-Vera
De ‘Mangle rojo’ de Sabrina Ramos Rubén.
Arte promocional de la presentación de ‘Mangle rojo’ de Sabrina Ramos Rubén

De ‘Mangle rojo’ de Sabrina Ramos Rubén.
De ‘Mangle rojo’ de Sabrina Ramos Rubén.

EJ Nieves escribe sobre Islandia de Cindy Jiménez-Vera 

EJ Nieves escribe sobre Islandia de Cindy Jiménez-Vera. 

 ​

Jiménez-Vera, Cindy. Islandia. San Juan, Puerto Rico: Editorial EDP University. 2015
Dice EJ Nieves:

            Cindy Jiménez-Vera también tiene un poema sobre el miedo a la muerte. Se titula “apéndice xxii sobre el derecho al miedo”. Su mamá murió de cáncer, al menos eso se puede deducir de su poemario Islandia, eso si le aplicamos una lectura autobiográfica de esas de las que los profesores y los críticos de literatura siempre recomiendan que no hagamos. Yo la conozco; el día que su mamá murió lo escribió en un status en Facebook. Muchos le dieron like, otros le escribieron comentarios con sus condolencias. A su papá le diagnosticaron cáncer en la próstata como a mi abuelo. Yo sé que los escritores suelen infiltrar detalles de sus vidas en lo que escriben, consciente o inconscientemente, es inevitable, aunque no quieran. También hay lectores que lo leen todo como sucesos o experiencias de la vida del autor. Incluso cuando el libro dice en la contraportada que es ficción. Incluso cuando en las primeras páginas aparece un disclaimer que dice algo así como: esta es una obra completamente ficticia, si algunos de los sucesos o personajes tienen algún parecido con la realidad, es pura coincidencia.

            En ese mismo poemario la muerte, la enfermedad y el frío son muy recurrentes… También lo es el hambre… En esta Isla se pasa hambre, aunque la gente diga que no, que eso es cosa de países subdesarrollados, porque se piensan que nosotros estamos desarrolladísimos. Yo tengo una amiga que pasa hambre, y no es porque quiera. El hambre es una cosa cabrona y no hablo del hambre de dos horas después de haber comido, hablo del hambre de días. Cuando se pasa hambre el cuerpo tiembla, convulsiona en las entrañas.

           Virgilio Piñera también pasó hambre, hambre de días como mi amiga, hambre vieja. De hecho, es un tema recurrente en sus escritos. Ya ves a qué me refiero cuando digo que hay lectores que lo toman todo como parte de la vida del autor, o cuando digo que hay escritores que infiltran detalles de sus vidas en lo que escriben. Virgilio Piñera era un poeta cubano, vivió en la dictadura y el hambre era su pan de cada día. El punto es que Virgilio también escribió sobre el hambre, del hambre como un tirano.

            Curiosamente, hablar del hambre hace pensar en las cucarachas. Aún no entiendo muy bien la asociación aunque podría hacer algunas suposiciones. Tal vez, las cucarachas son la metáfora perfecta del hambre y la muerte. Algo así como un ciclo donde el hambre conduce a la muerte y la muerte a las cucarachas. Pues al final de cuentas, las cucarachas se alimentan por hambre de las sobras, de las migajas, del polvo, de la muerte. Jiménez-Vera también escribe sobre las cucarachas, igual que Piñera y que Ana Lydia Vega Serova, por eso el “apéndice xxvii” es sobre las cucarachas y sobre la muerte. Pienso en qué habrá en común en la vida de estos poetas…

            Tal vez hay algo de la respuesta en la siguiente cita de Piñera:

“si no hablo de las cucarachas ¿de qué hablaría? De mis lamentaciones, de mi hambre, de mis fracasos, de mis terrores, han sido las cucarachas mudos testigos. Porque uno sale y puede encontrarse un amigo y contarle su hambre; ver a un primo y pedirle un peso prestado; llegar, después de tribulaciones sin cuento, hasta la mesa del ministro e implorar unas migajas, pero ni el amigo, el primo o el ministro son testigos mudos de nuestra vida. Ellos son del momento y las cucarachas son de siempre”. (Cómo viví y cómo morí)

             Luego, más abajo, dice:

“si yo veía al mundo como una enorme cucaracha ¿qué podía esperar de mi semejantes”.

            Todo esto me hace pensar en Wall-E, la película animada de Pixar. En cómo después de todo siempre han dicho que las cucarachas son las únicas que sobrevivirán un ataque atómico. Entonces que sobrevivan el hambre no me sorprendería…

            El poema, el que mencioné al principio, me hizo pensar en mi abuelo, el que en algún momento, este año o el próximo, este mes o el de arriba, esta semana o la otra, morirá de cáncer como la vecina del lado de casa o la amiga o el esposo de la amiga o el sobrino o la nieta. Porque sea de cáncer o no, todos morimos. Por eso es válido sentir miedo, por eso tenemos derecho al miedo. Porque, como dice Jiménez-Vera, “si no te da miedo, entonces ya has muerto”(13).

Pueden ir al enlace original acá:

http://divagacionestextuales.weebly.com/divagaciones-blog/islandia-del-cancer-la-muerte-y-virgilio-pinera