Una crónica de Jorge Posada que cuenta, entre otras cosas, cómo nos conocimos el poeta mexicano y esta servidora, en La Habana

7.

Luego de comer habrá una mesa de narradores del Caribe y dos de poesía. En uno de los extremos del auditorio hay una chica que lleva varios libros, entre ellos uno rojo que tiene el nombre de Julia de Burgos (Mara Pastor me pidió ese ejemplar). Pregunto dónde lo compró: «pues en la feria, ahí hay cientos o miles». En ese momento noté que la pregunta era una intromisión, ahora sé que había algo mágico ahí. La chica es Cindy Jiménez Vera y en nuestro primer diálogo ya estaba metida la casualidad hasta el tuétano. A las seis de la tarde me senté junto a dos puertorriqueños a leer.

La primera fue Mayda Colón. Aquello fue escuchar las dos primeras líneas y saber que ahí el lenguaje vibraba:  «un jovencito pregona que ha matado a su abuelo / porque estaba ya cansado de sus quejas».

El segundo fue Urayoán Noel y al terminar de oírlo sabía que este viaje ya valía la pena.

Ir a la crónica completa en la Revista VozEd acá.

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