Y nos bendijo

El conductor libanés nos recoge en una esquina de La Habana cerca de la media noche. Nos grita que hay que huirle a la policía. Que lo que quieren es dinero. Que son maricones. Nos cuenta algo de su vida desgraciada. Algo que no entiendo. Se desvía por rutas desconocidas. Nos asustamos por su rostro lleno de odio y su aliento a alcohol. Al rato, nos deja cerca del hospedaje. Le pagamos.

-As-salamu alaykum- dice. Y se va.

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