Tegucigalpa, la artesanía en más de un sentido

La poeta, columnista y profesora universitaria, Lynette Mabel Pérez Villanueva, nos ofrece su lectura de Tegucigalpa. Este texto se publica en la revista de literatura, Boreales, en febrero de 2013 y en el portal de Erizo Editorial. El mismo se puede leer en este enlace, junto a otros textos sobre el libro.

Tegucigalpa, la artesanía en más de un sentido

Por: Lynette Mabel Pérez Villanueva

 

Por todo esto habría que decir, que el problema 
no es tanto que una obra sea o no de vanguardia:
lo fundamental para un escritor es que el público
y la crítica sean de vanguardia.

Ricardo Piglia

Parafraseando a Pedro Arturo Estrada, catedrático colombiano, el poema en prosa es la nueva forma del poema, la cual dejó atrás el verso tradicional y el que llaman libre. Por otro lado, conserva la musicalidad interna, el ritmo, la cadencia de sus frases que vendrían a ser el equivalente de lo que antes se denominaban versos. El poema en prosa o prosema lo comenzó Aloysius Bertrand en su Gaspar de la Noche, lo continuó Baudelaire con su Spleen de Paris y se consolidó con Rimbaud, Lautréamont hasta llegar al siglo XX con algunos surrealistas. En América tenemos a un gran poeta venezolano muerto a los 40 años, Antonio Ramos Sucre, precursor riguroso en esta modalidad. Octavio Paz lo cultivó y podría decirse que cuentistas y novelistas eximios como Cortázar, Borges y Rulfo, por ejemplo, escribieron sin proponérselo algunos prosemas. Estas conversaciones nacidas en respuesta a unos cuestionamientos estéticos que surgieron producto de los talleres que tomé con Mairym Cruz Bernal y Yolanda Arroyo Pizarro me llevan directo a Tegucigalpa de Cindy Jiménez Vera. Este libro tiene todo esto que menciona el profesor colombiano y más. Puedo decir que integra en sus poemas horizontales (concepto acuñado por la autora) la narrativa sin divorciarse claro está, de la poesía. Otro dato a tomar en cuenta es no el cambio de registro sino la capacidad que tiene la voz lírica de aunar los registros de la cultura, la experiencia, los orales y los escritos en un solo corpus.

Desde el primer prosema “Regreso” nos encontramos con la voz de la memoria aunada a la de los grandes arquetipos. Sí, es la Penélope de Homero, también la de Serrat, pero es más que eso, es la Penélope de Cindy. Esta femenina más fuerte que la de Homero y más decidida que la Serrat abandona el andén en busca de su maquinista y de su Ítaca. Sin embargo, la voz que narra y poetiza es la de una amiga que nos cuenta un pasaje de su vida. Se trata de la voz de la vivencia. La voz primigenia en cada pasaje de una vida que regresa. El segundo prosema es una crítica al consumismo, al simulacro de la vida post-moderna. En Azul, amarillo y rojo aparece el elemento gore. Estos prosemas son breves y cortantes, pero no por ello deben paladearse rápidamente. Son textos artesanales, igual que la obra, y como todo lo artesanal hay que tomarse un tiempo para disfrutarlo. Principalmente para vislumbrar los distintos arquetipos que se esconden en el día a día de sus páginas. Tengo que destacar el prosema Ulises que dialoga directamente con Regreso. En este la determinada Penélope ruega porque el viaje de Ulises sea largo y les aseguro que no es por las razones que lo pide Cavafis.

Creo que uno de los textos medulares de libro y de casualidad el único poema es Soy la hija del mago. Aquí conocemos a Tegucigalpa y nos enteramos que además de ser el nombre de la capital de uno de los países más pobres de América Latina es la hija del afamado mago sordo centroamericano.
Luego de este poema nos encontramos con una sección llamada Ublek. Al entrar en este nuevo apartado, penetramos en el mundo de Lübeck, ciudad alemana con aproximadamente 213 983 habitantes. Sin embargo, el primer prosema 79 no parece tan alejado de las guerras por la conquista en donde indígenas y españoles precisaban de intérpretes. El intérprete, se puede aventurar que norteamericano por el apellido, morirá por segunda vez y no puedo dejar de pensar si esa primera muerte está relacionada con la muerte factual o moral de los intérpretes aborígenes como, por ejemplo, la Malinche o los africanos que sirvieron de puente entre dos culturas. Lo que sí tengo claro es que la Historia está llena de muertes y ya tal vez vamos por una tercera, cuarta o quinta muerte. En el apartado Letrados tenemos un acercamiento al ludens de la metalengua. El primer prosema Las lampugas es un juego con la l, maravilloso cóctel con el carbón del lápiz y la tinta de la máquina. Lo mismo en Rodrigo repite rumores raros donde los estilos de los autores están descolocados. Finalmente la autora cierra con un apartado titulado Infierno donde se destaca “Tríptico del hambre” en el que la necesidad cobra matices grotescos. Este poemario, artesanal en el amplio sentido de la palabra, hecho por las manos de la propia autora, cosido, cuidado y tal vez acariciado, también lleva bordada cada palabra en la página correspondiente al sortilegio de la poesía.

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